
Tápate la nariz e intenta inspirar por ella. En un sueño, lo consigues. Así haces bien una de las pruebas de realidad más fiables y la incorporas a tu día a día.
Una prueba de realidad (también llamada test de realidad) es una comprobación rápida con la que averiguas si estás soñando. Si la haces dentro de un sueño y notas que algo no cuadra, aumentan las probabilidades de que te vuelvas lúcido, es decir, de que te des cuenta de que estás soñando.
En la prueba de la nariz te tapas la nariz e intentas inspirar por ella. Despierto, como es lógico, no pasa nada de aire. En un sueño sigues respirando con total normalidad aunque tengas la nariz tapada, y esa contradicción te indica que estás soñando.
En este artículo aprendes a hacer bien la prueba, por qué funciona en los sueños y con qué frecuencia conviene practicarla.
El primer paso es el más importante. Si haces la prueba dando por hecho que estás despierto, te llevas esa expectativa al sueño y allí es fácil que pases por alto que respiras con la nariz tapada.
Cierra la boca sin falta. Con la boca abierta podrías seguir respirando por ella sin darte cuenta, y entonces la prueba no te dice nada.
Durante la fase REM, es decir, la fase del sueño con los sueños más vívidos, casi toda tu musculatura está paralizada. Esta atonía REM impide que tu cuerpo dormido haga lo que tú haces en el sueño. Se libran de ella los músculos de los ojos y el diafragma. Por eso tu respiración continúa toda la noche, a través de una nariz que nadie tapa.
En el sueño, solo tu mano del sueño te tapa la nariz. La explicación más extendida es esta: en el sueño, la sensación de respirar sigue a tu respiración real en la cama, y esa respiración es libre. Por eso notas aire aunque en el sueño tengas la nariz tapada.
La explicación es plausible, y muchas personas que tienen sueños lúcidos cuentan justo esa experiencia.
En la app Ludream, taparse la nariz tiene una fiabilidad de cinco de cinco estrellas. Solo la reflexión crítica alcanza esa misma valoración.
La mayor ventaja de esta prueba es que su resultado es inequívoco. En otras pruebas de realidad, las que se basan en un texto, en números o en tus manos, te fijas en si algo se ve distinto de lo habitual. Pero en un sueño el texto, los números y las manos también pueden verse normales o solo un poco alterados, y entonces tienes que decidir tú si ese cambio ya indica que estás soñando. Al taparte la nariz solo hay dos posibilidades: te entra aire o no. Además, para esta prueba no necesitas un reloj, un texto ni un espejo, porque tu nariz la llevas contigo en todos los sueños.
Aunque tenga cinco estrellas, también esta prueba puede fallar en un sueño. Los sueños suelen ajustarse a lo que esperas. Si en el sueño estás totalmente convencido de que por la nariz tapada no entrará aire, el sueño puede producir justo eso: la nariz sigue cerrada y te crees despierto. Algunas personas que practican cuentan exactamente eso. Si tienes dudas, repite la prueba y pregúntate además cómo has llegado a este lugar. Si no lo sabes, es una señal clara de que estás soñando.
Las pruebas de realidad actúan a través del hábito. Lo que haces a menudo y con atención durante el día acabas haciéndolo también en el sueño, y allí la prueba da un resultado que no puede ser cierto.
Aspy, Delfabbro, Proeve y Mohr (2017) estudiaron cuánto aportan las pruebas de realidad en un estudio australiano con 169 participantes. Quienes durante una semana solo hicieron pruebas de realidad no tuvieron después más sueños lúcidos de forma medible. Claramente más sueños lúcidos tuvo el grupo que combinó las pruebas de realidad con un breve despertar nocturno (WBTB) y la técnica MILD: en el 17,4 % de las noches en lugar del 9,4 %.
Qué parte de ese aumento se debía a las pruebas de realidad lo analizó el estudio posterior (Aspy, 2020). Quienes, además de MILD y WBTB, hicieron pruebas de realidad durante el día no tuvieron al cabo de una semana más sueños lúcidos de forma medible que el grupo sin pruebas. Entre otras, se probó una prueba de respiración parecida a taparse la nariz. El autor limita expresamente su resultado a ese periodo corto de una semana.
Por eso, el núcleo de tu rutina es una técnica como MILD. Las pruebas de realidad la complementan durante el día, y por la mañana un diario de sueños recoge lo que has soñado.
Ludream recomienda entre 10 y 20 pruebas al día. Más importante que el número es que hagas cada una con atención. Una prueba de pasada, mientras piensas en otra cosa, sirve de poco, porque en el sueño la harías igual de pasada.
Buenos momentos para la prueba son:
Las horas fijas se olvidan con facilidad, y un recordatorio que llega siempre a la misma hora acabas descartándolo sin pensar al cabo de unos días. Los recordatorios a horas aleatorias, en cambio, te pillan en situaciones muy distintas.
Cuenta con varias semanas hasta que la prueba aparezca por primera vez en un sueño. Anota tus sueños para no perderte ese momento. Cómo conseguirlo lo encuentras en Cómo recordar los sueños.
Sí. Con la boca abierta quizá respires por ella sin darte cuenta, y entonces el resultado no dice nada. Cierra la boca e intenta inspirar a propósito por la nariz.
Entonces tu sueño ha adoptado tu expectativa. Le pasa de vez en cuando a cualquier prueba de realidad. Repite la prueba y pregúntate además cómo has llegado a este lugar.
No. Tu cuerpo sigue respirando libremente en la cama, haga lo que haga tu mano del sueño. Y despierto basta con un intento de inspirar de pocos segundos.
Apenas. Puedes sujetarte un momento la nariz entre el pulgar y el índice como si te rascaras. Con un solo intento tranquilo de inspirar basta.
No hay datos de estudios al respecto, y varía de una persona a otra. Cuenta con varias semanas de práctica diaria. Un diario de sueños te muestra cuándo aparece la prueba por primera vez en un sueño.
Taparte la nariz, cerrar la boca e inspirar: la prueba dura unos segundos y da una respuesta inequívoca. Para que aparezca en tus sueños, hazla a menudo durante el día y preguntándote en serio si estás soñando.
Junto con una técnica como MILD y un diario de sueños, es una buena forma de empezar con los sueños lúcidos.